La Revolución del Capitalismo

2018-03-14
A ver si lo adivinan, la palabra en cuestión tiene mala aceptación entre nosotros. Es un andamiaje de algo que no se sostiene, o que bien parece no se puede llevar a cabo. Cuando la nombramos o calificamos el cerebro nos dice que no vale la pena ni intentarlo. Una persona que se aplica a ello podrá ser, en el mejor de los casos, bienintencionada, pero sus limitadas bondades no pasarán de ese punto. Solo un sabio humanista como Thomas More tuvo cierto predicamento con ella. Le dedicó sus reflexiones más profundas, y en forma de libro vio la luz en el siglo XVI ¿Lo han adivinado ya? Hablo de la utopía.

Ya sabemos todos que esta es cosa de poetas y de inconformistas de mal vivir. No es extraño que un “tocapelotas”, poeta y escritor como Eduardo Galeano le dedicase la siguiente reflexión: “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos, y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que camine nunca la alcanzaré.¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”.

Tenemos mala memoria. En un mundo tan entretenido como el nuestro, donde hasta los informativos “serios” se dedican a inundarnos con la crónica de sucesos a partir de los primeros diez minutos, la memoria no es un bien preciado. Dice la llamada sabiduría popular que felicidad y memoria no son compatibles. Sin embargo, alguna neurona bien escondida en los pliegues de nuestro cerebro rescatará un rescoldo de lo que ayer era un sueño imposible, y hoy es una realidad innegable y aceptada como dictamen del sentido común. ¿A quién se le ocurriría hoy negar el derecho al voto a las mujeres? Pues bien, este derecho se las negó hasta bien entrado el siglo pasado. Las sufragistas inglesas alcanzaron su sueños, antes considerado por las propias mujeres como una utopía. Lo mismo podría decirse con respecto a la segregación racial o al propio calendario laboral.

utopia para realistas rutger bregmanRutger Bregman tiene no solo buena memoria, sino también gran capacidad de análisis, como se lo reconocen sus propios contrincantes ideológicos. Este holandés que no llega a la treintena es considerado como uno de los pensadores europeos más destacados. Sus libros de ensayo y sus artículos en prestigiosos medios europeos así lo avalan.

En su libro “Utopía para realistas” Bregman habla y escribe claro: no hay que leerle entre líneas. El modelo de nuestra sociedad actual no se sostiene, hay que imaginar uno nuevo, proclama valientemente. La mirada de Bregman no es altiva, ni enfadada, En ella predomina el análisis sobre los fenómenos que conforman nuestra sociedad: el trabajo, la pobreza, la educación, la política, los intelectuales, e incluso el humor. El autor rebate los argumentos que el espectro político de la derecha, y en muchos casos la izquierda repudian. El rechazo a las fronteras es uno de los ejes fundamentales, así como su reivindicación de una renta básica universal y de la semana laboral de 15 horas.

La visión audaz de este pensador ha tenido gran eco. Es consciente de las dificultades que supone el cambio profundo del actual modelo social y está convencido de que la transformación no vendrá de la mano de un genio solitario, ni de ningún grupo de intelectuales, sino del magma de la conciencia colectiva de aquellos que ven que la Utopía no sólo es necesaria, sino posible. “Ha llegado el momento de acabar con la pobreza”, no, no es una frase de Lenin, la argumenta un hombre que no rechaza el capitalismo pero cree que es hora de reformarlo: Rutger Bregman. Un holandés que dará mucho qué hablar…..y qué escribir.

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